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lunes, 18 de noviembre de 2013

La puerta de atrás del CSIC (La Ciencia y sus Demonios)

Este es un relato de precariedad laboral, de lo difícil que resulta en España a los científicos alcanzar una estabilidad que les permita armonizar su actividad laboral con la vida privada. Se trata de un relato real construido a partir de lo que han manifestado personal que lo han sufrido. De esto habréis leído poco en la prensa generalista, que está por otras cosas.
 
Puedes leer la entrada directamente en el blog de "La Ciencia y sus Demonios" pinchando aquí 
 
A mediados del año 2001 aparecieron los contratos Ramón y Cajal, una nueva modalidad de contratos para doctores que incorporaban por vez primera un mecanismo similar a los tenure track de los más prestigiosos centros de investigación. Eran contratos por 5 años que pretendían acabar con la precariedad de los investigadores que poseyeran el grado de doctor: un salario acorde con la especialización, capacidad de formar y liderar un grupo independiente y la promesa de que si al acabar el contrato se habían cumplido los objetivos acordados se produciría la estabilización laboral en la institución de acogida. Para determinar si los objetivos alcanzados eran los adecuados existía una evaluación en el cuarto año de contrato, en el caso de aprobarla se dotaba a los participantes con una evaluación I3 positiva, lo que permitiría su estabilidad laboral. En el caso de no aprobar, el investigador tenía un año para abandonar de forma ordenada la institución. Mucho se podría hablar sobre las deficiencias de ese programa: recorte de la independencia de los investigadores por parte de las instituciones, arbitrariedades en las subvenciones o improvisación en el seguimiento, pero de entre las distintas deficiencias me centraré en lo que es objeto de este artículo, el incumplimiento de los planes de estabilización por parte de algunas instituciones.

Los contratados Ramón y Cajal (RyC) incorporados en muchas universidades que obtuvieron el I3 fueron estabilizados con la figura de profesores contratados doctor, sin embargo el CSIC se negó a reconocer esta forma de estabilización. Muchos pudieron estabilizarse por medio de la obtención de una plaza por oposición pero, a pesar de que el número de plazas a concurso subió significativamente durante este período, otros no pudieron hacerlo por diversas razones: en algunas áreas el número de plazas a concurso era menor que el de RyC que optaban a dicha plaza o algunos RyC no pudieron presentarse por falta de plazas con un perfil adecuado para el investigador. Esto hizo que algunos RyC acabaran su contrato en el CSIC con la acreditación I3 pero sin que el CSIC les ofreciera posibilidad de estabilización, a lo máximo que se comprometió, tras una serie de protestas que adornó las calles de científicos, fue a ofrecerles unos pocos meses más de contrato.
Los contratados RyC se organizaron y llevaron la protesta un paso más allá: demandaron al CSIC por fraude de ley en los contratos que les había realizado. El ministerio dio libertad a las instituciones para que realizaran el tipo de contrato que consideraran más oportuno y el CSIC optó por el contrato en prácticas, una modalidad de contrato que solamente puede ofrecerse a licenciados durante 2 años, nunca a doctores (y por un plazo de más de 5 años). En otras convocatorias ofreció contratos “por obra o servicio”, pero de nuevo era una modalidad no adecuada ya que éstos se deben realizan por un periodo limitado para realizar una actividad muy concreta, y los RyC dirigían proyectos de investigación, colaboraban con diversos grupos y proyectos, dirigían tesis doctorales y, en ocasiones, colaboraban con la docencia de algunas universidades.
En pocas semanas se presentaron varias decenas de demandas ante los tribunales de justicia, los cuales tardaron unos meses en deliberar. En la gran mayoría de los casos, la justicia falló a favor de los investigadores: los contratos se habían efectuado en fraude de ley. Eso obligó al CSIC a contratar de forma indefinida a los demandantes, con la antigüedad que les correspondía desde su primer contrato temporal en la institución. Pero los investigadores aquí toparon con el muro de la burocracia, los contratados indefinidos fueron incorporados en la escala de Titulados Superiores (TS). Aunque no aparece por escrito una norma que describa de forma detallada las funciones de los TS, de manera histórica se asume que se encargan de apoyar la investigación (¿y qué escala no la apoya en el CSIC?). De esa manera, el destino de los TS fue apoyar la investigación desde los servicios científicos del centro o formando parte de algún grupo de investigación. Esto cortó en seco la carrera científica de aquellos investigadores que poseían proyectos y lideraban grupo, ya no podían seguir haciéndolo. También lo notaron en su salario, la nueva escala rebajó su salario cerca del 40%. Y es que la figura del TS es un saco en el que entran tanto licenciados como doctores que han ganado la plaza por oposición como los contratados pre- y posdoctorales, todos ellos forman de una categoría de la que se nutre la llamada escala científica del CSIC (Científicos Titulares, Investigadores Científicos y Profesores de Investigación).
Pero lo que parecía quedar como una mera anécdota de unas pocas decenas de ex–contratados RyC se amplificó al poco tiempo. Otros investigadores posdoctorales del CSIC que llevaban muchos años en arrastrando contratos parciales (algunos sobrepasaban los 40 años de edad encadenando contratos de uno o dos años) empezaron a presentar demandas. El número de demandantes subió rápidamente y los jueces volvieron a darles la razón. En esos momentos estaba vigente la llamada “ley Caldera” que obligaba a las empresas y a la administración a realizar contratos indefinidos tras cumplirse los dos años de contrato temporal. Y el CSIC basa mucha de su mano de obra, tanto científica como de administración, en la concatenación de contratos temporales. De esa forma el CSIC ponía en bandeja de plata la posibilidad de que los trabajadores les demandasen reclamando sus derechos. De esa forma algunos investigadores consiguieron la ansiada estabilidad laboral.
Así en los últimos 5 años se han ido estabilizando en el CSIC un buen número de investigadores con el término “indefinidos por sentencia”. Algunos de esos indefinidos acabaron estabilizando definitivamente su situación mediante procesos de consolidación, que supuso una oposición obligatoria para alcanzar la escala funcionarial de TS. Así acabaron finalmente como funcionarios de carrera. Otros siguen sin haberse estabilizado definitivamente, esperando que esa consolidación llegue.
¿Cómo se ha visto este proceso entre el resto de empleados del CSIC? No son pocos los investigadores que no están nada de acuerdo con esta vía de estabilización a la cual califican de forma despectiva como “entrada por la puerta de atrás”. Otros investigadores manifiestan que este proceso ha restado plazas por oposición, al producirse una sobrecarga de TS tras las demandas. Los afectados de forma directa me comentan que han sufrido mucho estrés y mucha presión durante los años que duró el proceso judicial y el de estabilización definitiva. Compensa la estabilidad laboral finalmente alcanzada, aunque para algunos (sobre todo los ex-RyC) ha supuesto aparcar (o incluso abandonar) la posibilidad de dirigir sus propias líneas de investigación. Poca autocritica se ha oído: nadie parece dirigir sus dardos hacia la situación de precariedad sostenida de los investigadores que ha provocado que éstos busquen una vía de estabilidad. Y la responsabilidad de esa situación recae directamente en gestores de la ciencia, tanto del CSIC como del ministerio; la falta de la planificación de la carrera científica en España provoca estas situaciones, lo que no es nada nuevo ya que desgraciadamente es algo que se remontan a muchos años atrás y que posiblemente se siga extendiendo en el futuro.
Y este es el relato de la pelea de un grupo de investigadores del CSIC por su estabilidad. Cuando se lee esta historia en estos tiempos de crisis no son pocos los que llaman privilegiados a estos trabajadores, pero este mismo relato leído en la época de la burbuja del ladrillo levantaba compasión en la sociedad, no faltaba el “déjalo todo y búscate otro trabajo”. España es un país cainita en el que se prefiere lanzar los dardos contra el compañero más débil en vez de unirse y combatir lo que realmente lastra nuestro sistema I+D. Somos como perros peleando por un trozo de hueso completamente roído.

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